Abstencionismo y apoliticismo

Rafael Fenoy Rico | Analista Libre Pensador

Más de 40 años de transición hacia la democracia y los frutos son evidentes. Más de una persona lo vería más como ausencia de ellos. El comportamiento electoral de la población viene confirmando que algo más de 3 de cada 10 posibles votantes no vota, se abstiene de ir, vaya que pasa de las elecciones políticas. Y en la etapa juvenil dependiendo de tramos la relación llega a 5-10.  Los mayores de 55 años van casi 18 puntos en mayor medida a votar que los menores de entre 25 y 18 años.

Francisco Camas García, en Macroscopia escribía esto hace ahora 2 años: “Sin embargo, los datos de encuestas preelectorales y poselectorales de todas las elecciones nos recuerdan que… existe un porcentaje de abstención juvenil que, como el del paro, posee un carácter estructural”.

De esta forma, invocando a la estructura, se detiene el análisis sobre las causas del desencanto o falta de encantamiento que la juventud más joven disfruta. Una sociedad que no promueve el ansia de participar activamente en política de las jóvenes generaciones no puede denominarse democrática. Y en esto cabe mirar de frente a los gobiernos y los partidos políticos, que se suponen tienen responsabilidad directa en ello. El abstencionismo no es la consecuencia de decisiones individuales, sino la conclusión de un déficit democrático

Más allá del comportamiento electoral asociado a la edad, que conlleva la experiencia vivida, la abstención es un factor que aporta información sobre la “salud” democrática de una sociedad. Las personas se guían, aunque en ocasiones cueste creerlo, de forma racional. Es decir aplican su entendimiento y se dan razones para hacer las cosas que hacen, o en este caso dejar de hacer. Y es que el ir a votar para un conjunto de personas, se antoja una incomodidad, inútil además, para quienes no se acercan a las urnas. Otras personas abstencionistas convencidos políticamente ejercen el derecho en aras de manifestar un NO rotundo a este, para ellos, “pasteleo” electoral, en el que la partitocracia celebra su gran fiesta “democrática”.  Porque son los partidos politicos los que ganan o pierden en esto de las elecciones.

Después de 40 años el pueblo no ha ganado ni una de las elecciones a las que ha sido citado. Los programas electorales no se cumplen, una y otra vez, y aquí no pasa nada. Mienten los candidatos descaradamente y tampoco pasa nada. El miedo a “algo peor” anida en el ánimo de millones de votantes de forma que si el dictador Franco se presentara sacaría un montón de votos.  Porque muchos anhelan lo que en la dictadura se prometía, aunque no se cumpliera, eso de la igualdad de todos los españoles.

Y unos por desidia, falta de inteligencia, por convicción en la falsa electoral, o un razonamiento  impecable de lo innecesario de votar porque el “pescado está vendido”, lo cierto es que en cada cita electoral 3 o 4 de cada diez personas están ausentes.