Monte de la Torre

Capitana del barco de mi vida

 

(A Palmones donde durante años vimos esa emotiva fiesta del Carmen)

Yo, Virgen del Carmen, soy un miembro más de la tripulación
de vuestro grandioso barco el que, grabado en su amura,
lleva el nombre de “Siempre a ti, debemos Devoción”.
En la terrenal singladura
que supone navegar por el piélago en el que soy un pobre pescador
feliz embarco, capitana de la mejor nao, Virgen Pura,
nuestra amada Virgen del Carmen quien, en uno de sus brazos de amor,
sostiene a su Hijo con delicadeza y ternura;
en tanto, en el otro entre sus dedos, pende el escapulario, péndulo santo
y, en el copo de su mirada llega a cubierta la sal de dicha de las alturas
grandeza que supone sabernos enrolados en la tripulación del barco
que navega sabiendo que goza del amparo de vos, Madre de Ternura.

Virgen nuestra, cuando emerges majestuosa en la proa de la nao
orzando sobre la mar, las olas te ofrecen sus flores albas,
esa blanca espuma que, a tus pies, se torna manto,
bello y líquido, que parece parte del mismo cielo que refleja tu cara
bellísima y, tu talar veste, movido por la delicada brisa, al mirarlo
consigue el efecto de que la gavia sea de espiritual pasta.

Cuando estás en el puerto, Señora,
eres, por muy lejos que este se halle
de la zona de mar y de la costa,
el único fanal que, con su espiritual luz, hace todo tan luminoso y claro,
permitiendo que los humanos barcos naveguemos sin miedo a las olas
porque esa claridad, Virgen del Carmen, nos ampara del acantilado bravo.

Estella Maris, protectora y guía de nuestra marinera vida,
descalzo, con el pantalón remangado
empapado en tu grandiosa dicha
salto a la playa y aunque no nado,
no me hace falta porque en mi pecho llevo el mejor salvavidas,
el saber que en mi corazón siempre va a quien rezo y canto
con el mayor fervor, quien tiene por peana el Carmelo, para que siga,
mi adorada Virgen del Carmen, dándome fuerzas para recitarle salmos
que me inspira
y da la portentosa fuerza que confiere saberse amado
por la que es el sol que nos guía,
la Virgen del Carmen, que luce tan cercano
que si me falta su brillo morir yo querría
porque, los que en ella tenemos fe, lo tenemos muy claro,
pues, vivir sin Ti, errante peregrinar es en la vida.

Señora, este pueblo marinero, sin vos
y sin el abrazo tierno de los mares,
estaría tan triste y solo
como pecio encallado y varado en los fondos pétreos
pero, gracias a vuestra intercesión, este pueblo todo,
es un trocito del grandioso cielo
en el que estos cofrades te adoran porque, con vuestro espiritual color,
nos va señalando los caminos que, como humano, anhelo y quiero.

No sé si seré buen marinero, Madre,
pero, en Palmones, cofrade de nuestra Virgen del Carmen
ansío llegar a ser, para entregarte
mis piropos, mis emotivas palabras que me salen
del alma con el deseo de que las aceptes como plegaria
para que siempre seas timonela de mi vida,

Madrecita, María del Carmen que, en tierra y mar,
eres la más bella luz que brilla en este fondo terrenal,
te adoro y beso tu manto pidiendo que no me abandones
e intercedas para que tu Hijo a mis pecados perdone
a este pueblo marinero pueda venir a decirte muy feliz:
“Virgen mía, el barco de mi vida, gracias a ti,
navega sin lastre, raudo y ligero
buscando llegar, en el día de Tu fiesta, a ese puerto
barreño que se llama Palmones
donde se vive, como en toda esta Bahía,
la gran dicha de ser marinero, aunque residamos en tierra adentro.
Guapa, guapa,
¡ Virgen Santa !

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