Carta a un político

 

Querido amigo/a:

No te conformes con ser mediocre. No te empeñes en ello si puedes ser tú mismo. Busca la autenticidad, la verdad, la perfección. Estamos hechos para ello. Si quieres ser mediocre, acabarás hundido en el barro, en la miseria de tu propia persona, en la debilidad amarga de tu existencia.

A veces tratamos de parecernos a los otros. No digas lo que todos, no hagas lo que todos, no aceptes lo que te viene dado, no te creas las mentiras de los diarios. Busca la verdad de la calle, la de la gente sencilla y llana, la de la sabiduría de años. Busca la verdad, persíguela, no te conformes con la palabrería vacía de muchos. Pon un oído en el pueblo. Eso te ayudará a tomar el pulso de la realidad social y, sobre todo, a tomar las decisiones oportunas y más acertadas.

No hables tanto e intenta escuchar a todos y a cada uno. La gente está cansada de discursos vacíos, de palabras bonitas y halagos que endulzan los oídos. No olvides que “obras son amores y no buenas razones”. Conoce los problemas y necesidades de tus vecinos. Métete en el barro y ensúciate con el pueblo. No te quedes escondido en tu fortaleza, ni en las alturas de tu ego, tampoco cabalgando en la soberbia y en la vanidad. A la gente le gusta la calle, la taberna, la plaza. Busca por encima de tus intereses personales y de tu grupo de amigos, el bien del pueblo pero, no se te olvide jamás, que el bien común es el bien de todos y de cada uno, también de las minorías.

Llama a la puerta de la integridad, de la honestidad y de la humildad. Ellas te abrirán y te invitarán a que te sientes a la mesa, como la gente sencilla de pueblo que te abren sus casas y te ofrecen un café caliente. Son tres valores abiertos que buscan tu bien. Sé una persona de valores y camina por las sendas de la humanidad. Una persona verdaderamente humana es querida y valorada, además, te ayudará a no permanecer impasible ante el drama y el sufrimiento en el que viven muchas personas. Además, si eres humano, la gente perdonará tus errores.

Me gustaría darte un último consejo querido político, no te olvides quién eres y de dónde vienes. Es fácil olvidarlo. No olvides que eres uno más y que vives entre personas. Conozco a más de uno que olvidó esto y se convirtió en un ser extraño. Al final somos lo que hemos pensado, lo que hemos hecho, lo que hemos amado.

Querido amigo, va por ti, por mí, por todos. Un abrazo. Ánimo y adelante.

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