Comprometidos

 

Se nos llena la boca al hablar de comprometidos, de compromisos con la sociedad, de compromisos con el tercer mundo, con los marginados, con los refugiados.

Es fácil leer que si tal poeta o escritor está comprometido con tal o cual causa. Que un cantante de moda ha hecho tal gesto que supone un apoyo a los temas sociales o al enorme problema de los refugiados.

Si ocurre un asesinato por violencia de género, hacemos un minuto de silencio y un par de anuncios y ya hemos cumplido.

No hacemos nada. Esa es la triste y pura verdad. Dos versos de un poeta, unas declaraciones de un escritor, un gesto de un cantante o un minuto de silencio, no arreglan nada, mejor dicho, no arreglamos nada, simplemente lavamos nuestras propias conciencias y a otra cosa. Lo único que importa, en muchos casos, es que el gesto que hagamos sobre lo que sea, tenga repercusión para que así, de esa manera, nuestra conciencia se lave más aún y de paso, sirve para dar lecciones a otros que no lo han hecho.

Esa es la hipocresía en la que vivimos y cuando hacemos ese tipo de gestos, encima somos “guais”, puros, por encima del bien y del mal.

Nos despertamos a diario con terribles noticias. Todavía tengo en mi mente esa noticia que ofreció Europol (Policía europea) sobre los casi trescientos mil niños refugiados que están registrados, DIEZ MIL DESAPARECIDOS. Cinco mil lo han sido a través de la entrada en Italia. Puede que muchos hayan sido recogidos por familias y no los han registrado pero la mayoría habrán sido secuestrados, vendidos para la prostitución o para vender sus órganos. Se nos ponen los vellos de punta al oír estas noticias, le echamos la culpa a quien sea y continuamos como si nada. Ya ese tema pasó de ser mediático y no se ha vuelto a hablar del mismo. Han desaparecido y punto. No nos cogen de cerca, no están aquí al lado.

Igual ocurre con la violencia de género. Un minuto de silencio y basta. Nadie escucha nada, nadie sabe nada. Ni vecinos ni familiares, ni amigos. “Comprometidos, pero sin implicarnos”.

Asistimos a diario y sin querer a tragedias de todo tipo mal que nos pesen. Y mal que nos pese también, somos ciudadanos del mundo. Y las personas muertas por violencia, los miles de refugiados muertos, son también nuestros muertos, joder. ¡Y algo tenemos que hacer!

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