Cucarrete

 

Tiene Los Barrios su raíz más profunda y firme
en el corazón del Parque de Los Alcornocales
porque allí está enterrada su misma sangre ,
que por nombre tiene Cucarrete donde, cuentan y dicen,
y el pueblo bien lo sabe,
que aquellas gentes, buscando el trabajo en el campo,
se refugiaron bajo los chaparros
para, sacando las cepas del lentisco o brezo
o cazando un ciervo o conejo,
cuidando sus gallinas, las cabritas o el cerdito
para tener unos huevos, leche , quesito
y, cuando acaba la montanera, con ayuda del vecino
y en buena fraterna camaradería, celebrar la típica matanza del cochinillo
y al recovero o contrabandista darle la prueba
mientras, juntos lían en papel ZigZag, ese librito,
un cigarro del cuarterón Montecristo que llevan en su “preciso”;
lo fuman en sana y amigable tertulia donde todo era tan grato
que allí , en aquel paraje, duraban las personas años y años
ya que estaban alejados de toda polución y estrés malsano.
En su choza, cabaña, morisco o casita de uralita o teja
donde, teniendo encendida su chimenea,
el seminómada campesino
se hizo sedentario en tan ecológico sitio
y, viendo a su familia en ella calentarse
eran muy feliz aunque, de sol a sol, trabajase.
En Cucarrete no había ambición materialista,
sus habitantes eran gentes nobles y sencillas
y quizá puede que esa sencillez rural
les hiciera para siempre en el ayer quedar
pero, sus valores, su almáciga lentiscal, son herencia
que, en este pueblo de Los Barrios, está latente y viva.
Yo creo que fuiste tú el primero, recordado Cucarrete,
y Los Barrios sería tu hijo que cerca de ti queda para verte
o que, los dos sois de un tiempo hermanos;
uno, avanzó y el otro, allí se quedó
hasta que la muerte le sorprendió
pero, este pueblo barreño, siendo de ti, hijo o hermano,
es tu misma sangre y por eso siempre te recuerda emocionado
y las lágrimas le brotan
en el corazón que se estremece temblando y latiendo lleno de dicha toda
al recordar que, en Cucarrete está
el más grande de los tesoros, la raíz , filial o paternal,
de un pueblo que nunca a ti te puede olvidar
porque eres, su huella imborrable, seña de identidad .
Allí se gestaron en la más profunda pobreza
la más grande de las riquezas,
esa de la que hoy viven las nuevas generaciones
y que no se puede perder porque es, quien nos da lecciones
para recuperar nuestras más grandes tradiciones
y por ello, todos los años
hay esa marcha y jornada de convivencia a esos rurales pagos
donde Juanito, el último vecino de Cucarrete,
se emociona y agradece al acompañado saberse
y que el pueblo de Los Barrios a su hijo o hermano
siempre le tiende las manos;
nunca vivirá de espaldas a esa aldea de leyenda
que, de abuelos a nietos, su historia popular se lega.

Cucarrete, barrio Cisco, Polvorilla, El Pino….
nunca quedaréis en el triste olvido
porque vuestro suelo de gamonales,
palmitos y esparragueras, alberga el sabor de antes,
el único que nunca por muchos siglos que pasen
resulta rancio y añejo
porque, sin ese singular y ancestro puchero
de arrieros, corcheros, carboneros….
sin él, los Alcornocales estarían muertos
y Los Barrios languidecería de pena
porque le falta su raíz principal y primera
y, hasta los mismos bichos del monte,
desde el zorro al corzo, son conocedores
de que Cucarrete pudo ser
lo que Los Barrios es
pero, como nunca fue envidioso,
feliz descansa porque sabe que con su muerte ayudó en todo
a que la Villa fuera más grande en vida
y por eso, consciente de esto no le olvida
porque todos saben que ahí, en Cucarrete,
nunca muere lo genuino y auténtico de su ser.
Porque su sangre se mezcla con mástique de lentisco
para demostrar que es la raíz de un pueblo que siempre estará vivo
porque lo queremos y, nunca queda enterrado en el olvido.

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