Desde mi atalaya

 

José Salguero Duarte | Escritor y Analista

“Es un indigno espectáculo, lo que nos están brindado, los unos y los otros, desde las pasadas elecciones del 20 de diciembre pasado”

Sentado en el butacón que labré a cincel y martillo en la piedra más alta de mi atalaya. Vengo observando a mi alrededor, desde hace muchos años, las muchas miserias que impera en las manadas de cortesanos rastreros, serviles y aduladores afines al poder político corrupto que, presuntamente ha imperado e impera de presuntos marionetas y polichinelas sin sentido alguno de la ética, vergüenza y dignidad. Elementos envueltos en las aureolas de las siglas que los amparan o cobijan. Desde donde realizan ‘el salto de la rana o mortal’, con toda clase de protección, hasta incrustarse o adherirse como las lapas, a las poltronas recubiertas de pedrerías rebosantes de falsedad, hipocresía y oscurantismo. Pudiendo, esos necios despreciables, hasta con la desvergüenza que los delata, a pesar de no poder, en muchísimas ocasiones, ni con el yugo que tienen que soportar hasta colocarse a los pies del Rey Sol que los irradia.

Elementos a los que he visto desfilar en mítines y por tertulias políticas o en la sección de Opinión de televisión, radio o prensa afines al poder inquisidor del justiciero de turno. Haciéndolos tronar o silenciar las turbulencias, de acuerdo al interés oportuno, para efectuar una u otra misión partidista y partidaria.

Consecuentemente, no siento penar cuando, algunos de estos, a los que me refiero, son puestos de patitas en la calle por el régimen que los amamanta. Porque mientras han permanecido atiborrándose del forraje que los alimentaba y, enaltecían o glorificaban social y económicamente. No tuvieron arrojo de poner los puntos sobre las íes. Sin embargo, cuando son desterrados, expulsados o tirados a la papelera acorde a lo piltrafas que han sido y son. Maúllan, ladran y hasta gruñen clamando justicia contra la arbitrariedad que ha cimbreado sus míseros principios.

Espero, estimado lector, que estas manifestaciones que vierto, negro sobre blanco, siendo las 11,00 horas del 1 de Mayo, día de la Fiesta del Trabajo. No sean ofensivas para los sensibles oídos de la humanidad y ejemplaridad de las ciudades y pueblos del universo. Pero es que no puedo, a pesar de que lo intento, por activa o por pasiva, templar el canal que conduce la roja tinta de mi estilográfica. Porque si “en todas partes cuecen habas”, en la actual España también. Siendo un indigno espectáculo, lo que nos están brindado, los unos y los otros, desde las pasadas elecciones del 20 de diciembre. Así que, usted no alce la voz y siga tragando por delante y por detrás. Porque a estos les da igual sus penurias, mientras ellos ostenten el poder.

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