NOVENA PROVINCIA

El virus y las emociones

 

Si estamos sin confinamientos ya sean perimetrales o domiciliarios, nos matamos por besos y abrazos. Y si nos confinan protestamos porque se nos quitan nuestras libertades.

Nos tendríamos que preguntar cómo un virus cómo el coronavirus ha arrasado de tal manera con España y nuestros compañeros de la Unión Europea. Nosotros hemos sido siempre los catetos, los de los toros y el flamenco, frente a los exquisitos alemanes, o los franceses o los ingleses. Todos eran mejores que nosotros y ahí están, igual o peor que nosotros, con esas mismas emociones que nos matan porque de esta terrible tragedia gran parte de responsabilidad es de nosotros, aunque siempre es más fácil echar las culpas a otros, en este caso al Gobierno central y a los otros diecisiete autonómicos, pero, aunque parte de culpa sea de ellos, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, o tres o las que hagan falta.

Y nosotros los andaluces, los palmeros, los subvencionados, resulta que no somos los peores porque las raíces ocultas todavía no han desaparecido por completo.

Sin embargo, hay algo en común entre los andaluces, el resto de España o los alemanes o ingleses y es que no podemos vencer las emociones. Pasa la Navidad y las cifras de contagios suben de manera escandalosa después de lo que hemos sufrido en primavera y en otoño. Preferimos un contacto o un abrazo a unas autorrepresiones para hoy que supondrán una mejoría importante para mañana, ¿Por qué somos tan torpes? ¿Cómo es posible que pueblos que hasta hace unos meses tenían cero contagios han pasado a más de 1000 por cien mil habitantes?, ¿Por qué no obedecemos a nuestra responsabilidad que ya conocemos? Pues porque: actuamos, todavía, con la parte más primitiva del cerebro, porque seguimos pensando que eso no nos pasará a nosotros a pesar de los 80.000 muertos, porque pensamos que no debemos ser cobardes (Decimos siempre que respeto, pero no miedo), porque necesitamos demostrarle el cariño a los demás para que no nos abandonen, y porque sabiendo todo lo anterior no tenemos voluntad para superar esta situación. En definitiva, porque somos unos auténticos gilipollas.

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