Esperanza en un mundo extraño

 

Hemos celebrado de nuevo la fiesta de la Democracia. El pueblo ha hablado y lo hace cada vez que se le pide. A pesar del cansancio y la decepción de muchos, las urnas vuelven a hablar y, entre los muchos sobres, aparece dibujada discretamente la palabra Esperanza como un grito de auxilio social. Una virtud, que no un valor, ensombrecida por la soberbia y el egoísmo, por la codicia y el pasotismo de muchos políticos que miran para otro lado, quizás para la bandera del poder y del éxito personal, olvidando la necesidad y la pobreza que llaman a las puertas de muchos ciudadanos.

Me hago una pregunta: ¿qué pasará a partir de ahora?, ¿qué va a suceder con los parados, los jóvenes sin oportunidades, los sin techo, los migrantes, las personas sin recursos? Hay que preguntarse si para ellos, uno a uno, también existe la esperanza.

Hace falta mucha voluntad, coraje y audacia por parte de los responsables públicos para hacer frente a las distintas necesidades sociales. Está claro que, si no se quiere, no se hará nada, no se paliarán los sufrimientos del pueblo, no se buscarán soluciones reales a sus problemas y necesidades. Son muchas las organizaciones, Cáritas por ejemplo, que día a día trabajan para que un rayo de esperanza toque las vidas de estos colectivos, pero esa no es la solución.

Sé que la falta de porvenir, las puertas cerradas por los poderosos y la vida machacada hacen que, en ocasiones, la esperanza se torne en lo contrario. A veces fallan las fuerzas, las ganas de luchar, el deseo de acabar con las injusticias, pero, amigos y amigas, es entonces cuando hay que darle paso a la esperanza, aquella que es capaz de convertir en vino bueno los corazones avinagrados por la lucha diaria.

En lo estrictamente personal confieso que, a pesar de todo lo que sucede a nuestro alrededor, vivo con la esperanza de que un mundo mejor es posible porque aún sigue habiendo personas con el deseo y la capacidad de querer transformar la humanidad. La corrupción de muchos frente a los buenos corazones de otros, no deja de ser una mísera parte de esta alocada obra de teatro que es el mundo en el que vivimos. La esperanza y la bondad siempre vencen. Un abrazo a todos. Ánimo y adelante.

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