La Invasión del Estrecho de Gibraltar por el Cangrejo Azul

En las pescaderías y restaurantes del Campo de Gibraltar ya tienen a la venta o en la carta la llamada jaiba o cangrejo azul (Callinectes sapidus), una nueva y sabrosa alternativa de marisco desconocido hasta la fecha, precisamente porque no es de nuestros mares.

 

Ángel Tomás Herrera | Abogado y Mediador

El cangrejo azul es un crustáceo decápodo de cinco patas y con un amplio caparazón, que llega a medir hasta 25 centímetros de largo y pesar hasta un kilo, destacando su característico color azul brillante del que trae su nombre, presente en su parte frontal y pinzas mientras que el resto del cuerpo posee un sombreado de color marrón oliva. Es un cangrejo oriundo de las costas atlánticas americanas, desde Nueva Inglaterra hasta Uruguay, que ha llegado a nuestras costas a bordo de la globalización que desconoce fronteras. Se cree que su incursión en nuestros fondos marinos ha sido en forma de larva en el agua de lastre de buques mercantes, ya sea en tránsito por el Estrecho o con destino a los diferentes puertos mediterráneos españoles, entre éstos Algeciras.

El cangrejo azul americano forma parte de las 100 especies invasoras más perjudiciales que ha sufrido el Mediterráneo. Se detectó por primera vez en la Laguna de la Tancada (Tarragona) en 2012, y muy pronto colonizó todo el Delta del Ebro, extendiéndose hasta el Golfo de Valencia, las desembocaduras del Júcar y Segura y el Mar Menor. Su capacidad de reproducción es enorme, ya que de unos pocos ejemplares detectados hace diez años actualmente se están pescando en la Albufera de Valencia hasta 4 toneladas. En las costas andaluzas su presencia se viene advirtiendo hace seis años. Es un cangrejo costero, que gusta de vivir en zonas de estuario y marismas, es por ello que primero apareció en las costas de Cádiz y Huelva, y hace dos años que se viene pescando en la zona del Mar de Alborán y el Estrecho.

Los expertos equiparan la llegada de este cangrejo foráneo con la del cangrejo rojo americano o de las marismas (Procambarus clarkii) durante los años 70, que supuso una merma importante de nuestro cangrejo ibérico o autóctono (Austropotamobius pallipes), no tanto por la competencia en el ecosistema, sino sobre todo por la transmisión de hongos y patógenos que pusieron al borde de la extinción a nuestro cangrejo de río autóctono. Los científicos desconocen aún la incidencia del cangrejo azul en el medio y frente al resto de especies. Su voracidad y alimentación omnívora le lleva a comer de todo, actuando sobre gusanos marinos, coquinas, almejas, navajas y otros cangrejos locales, como el cangrejo verde europeo (Carcinus maenas), el cangrejo violinista (Uca tangeri), el cangrejo corredor o sapa (Pachygrapsus marmoratus) o el cangrejo de roca Eriphia verrucosa, entre otros. Paradójicamente, el cangrejo verde europeo, que aquí es presa del cangrejo azul, se ha extendido hace diez años como una auténtica plaga por todas las costas de EEUU gracias también al agua de lastre de los barcos. Esto es lo que trae el comercio internacional y la globalización.

Parece que la única opción para frenar su expansión es la pesca intensiva, que de hecho ya se está llevando a cabo en el Levante español y todo el Mediterráneo oriental. En Doñana y otras zonas marismeñas gaditanas, que han hecho de la explotación del foráneo cangrejo rojo americano una industria floreciente que factura 20 millones de euros al año, la incursión del cangrejo azul puede resultar desastrosa.

En las costas del Estrecho y la Bahía de Algeciras el cangrejo azul ha encontrado un ecosistema propicio para su expansión. Al cangrejo azul, que se le da muy bien nadar y que cuenta con una capacidad de adaptación a medios extremos de salinidad y temperatura, lo podemos encontrar tanto en áreas arenosas, desde la playa de La Atunara hasta la de Los Lances, como en fondos de fango y mixtos, desde las marismas de Palmones hasta las accidentadas costas del Estrecho. Hasta ahora se pesca ocasionalmente mediante trasmallo y nasas, pero puede convertirse en una especie comercial, como ya lo es en otras localidades costeras españolas o en EEUU, donde es una auténtica delicatesen.

El Mediterráneo hoy no tiene fronteras, y la llegada de nuevas especies es continua gracias a la globalización de las comunicaciones y el comercio marítimo. Todavía estamos padeciendo los efectos desastrosos de la invasión de algas foráneas Rugulopterix okamurae, cuando advertimos la conquista de nuestros mares por otra especie alóctona, en este caso el cangrejo azul americano. Las acciones humanas están transformando el medio ambiente muy rápido, y están detrás de estas plagas foráneas que ponen en jaque el equilibrio ecológico. Además, a la expansión de estas especies ayuda también el cambio climático. El Mediterráneo se está tropicalizando al aumentar la temperatura de sus aguas, lo que facilita la introducción y adaptación de especies intrusas procedentes del África occidental, así como del Mar Rojo e Índico a través del Canal de Suez.

Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, millones de larvas de cangrejo azul forman parte ya de esa “sopa de vida” llamada zooplancton, que nada al albur de las mareas y corrientes del Estrecho. Teniendo en cuenta que el 70% de estos diminutos seres son hembras, a nadie se le puede escapar el hecho de que el cangrejo azul cuenta con un auténtico “batallón de fecundidad” a la hora de conquistar nuestros fondos marinos. Tendremos cangrejo azul para muchas Navidades.

En la naturaleza no hay recompensas ni castigos, hay consecuencias”. Bob Ingersoll

 

 

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