En rojo y negro

Mitos y la navaja de OcKham

 

Desde los balbuceos del nacimiento de esta nueva era, llamada por los científicos más vanguardistas Antropoceno, en cada momento histórico en el que grandes sociedades han estado afectadas por situaciones catastróficas, en el ánimo de las gentes se instala el deseo de conocer ¿Por qué? ¿Por qué tanto preguntar por el por qué? Esto tiene que ver con la curiosidad con la está dotada la especie humana. Es un mecanismo que parece proteger a los humanos, aunque cualquier observador externo concluiría que se derrocha energía y tiempo, más allá del desarrollo de investigaciones rigurosas que tienen por objeto comprender para prevenir.

En la antigüedad, cuando el conocimiento científico sobre la naturaleza en general era muy reducido, pocas respuestas se podían ofrecer y por ello la magia y la religión entraban a completar el puzle que las mentes deseosas de conocer pretendían componer en sus mentes. Los mitos han servido durante siglos, milenios, para precisamente dejar tranquila a esa curiosidad inquieta. Si la tormenta arreciaba y el frágil barquito se hundía, la causa no estaba lejos, ni había que cavilar mucho. ¡Poseidón se ha enojado! Y si la pregunta siguiente era ¿Y por qué Poseidón se ha mosqueado? Las respuestas podían ser varias. Desde que un pasajero no había realizado un sacrificio prometido al dios del mar, o había pecado (el pecado que sea), o alguien había invocado la ayuda de Zeus, u otra deidad, con la que Poseidón estuviera enojada. Total, que por activa o por pasiva, la culpa siempre era de la tripulación.
Alguien pensará que ese mundo mágico, mitológico, religioso, enigmático, ya no ejerce ninguna influencia sobre las mentes actuales de una ciudadanía formada y que tiene conocimientos.

Sin embargo, basta observar el conjunto de artículos, reportajes audiovisuales, charlas, conferencias… que por miles en las redes viajan, para encontrar mucha magia, en el trasfondo de bastantes de estos materiales, digamos divulgativos. Y es que tanta “iluminación” y contundencia, sobre las causas de la Pandemia, llaman a la prudencia, cuando las fuentes de este material son instituciones dedicadas a la ciencia, con cierto reconocimiento. Pero cuando no es este el caso, pues a poner entre paréntesis toda afirmación que pretenda dar pista siquiera de lo que ha generado el corona-virus COVI19. Como dice alguien muy querido por mí: “Que si un arma biológica, las sopas de murciélago, el pangolín, una venganza de la naturaleza, un meteorito alienígena, ahora las ondas electromagnéticas… ¡la mente humana es maravillosa!”. Y sí, es verdad. Invocamos la de Guillermo de Ockham, (nacido en 1285 Inglaterra – muerto en 1347 Alemania, peste negra), que desde la edad media ofrece su famoso principio de parsimonia o sencillez también llamado Navaja de Ockham: “las cosas esenciales no se deben multiplicar sin necesidad”. Viene a concluir este franciscano que es más verosímil aquel razonamiento basado en premisas menos numerosas y más sencillas. Una regla que, además de facilitar la investigación, cuando menos ayuda a aquietar el pensamiento juguetón que no para de confeccionar hipótesis o suposiciones, optando, de momento, por aquella explicación que se considere más verosímil, porque utilice menor número posible de variables. Sería interesante añadir que esa hipótesis ayude además a formular proyectos de futuro para prevenir, mejorando las vidas de las gentes.

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