No me vengan con lecciones

 

No pretendo besarle los pies a nadie ni decir que es bueno lo malo, ni lo negro blanco. Al pan, pan y al vino, vino. Cada cosa tiene su nombre y su sitio. Intento ser consecuente con mis ideas, aunque haya veces que me quede en el intento. No quiero que pienses como yo. Tampoco lo pretendo. No soy más listo que nadie, pero tampoco menos que tú. He leído y aprendido mucho, aunque me queda mucho por recorrer. Simplemente te pido que seas objetivo, que no hagas demagogia, que busques y digas la verdad de las cosas, que no engañes, que reconozcas incluso aquello que no te gusta, por humildad, por coherencia, por amor a la verdad. Hablo de quienes, continuamente, hablan mal de la Iglesia, muchas veces por ignorancia o porque se dejan llevar por esas fake news que ensucian su buen hacer.

No me vengan con lecciones de humanidad y criticando a Aquella que está demostrando, con creces y sin hacer ruido, su cara más humana y servicial, también en estos momentos de pandemia mundial. Siempre lo hace, aunque, calladamente y sin salir en los diarios.

Son innumerables las iniciativas solidarias que está teniendo la Iglesia en estos momentos difíciles, como el programa social que está llevando a cabo todas las Cáritas españolas bajo el lema “la Caridad no cierra” para acompañar las necesidades básicas de quienes se encuentran en condiciones de mayor precariedad, como son, entre otros, las personas sin hogar, los mayores o las familias con escasos recursos. O los seis millones de euros que la Conferencia Episcopal Española, ha donado también a esta institución para hacer frente al Covid-19. Las Hermandades y Cofradías también lo están haciendo, cada una dentro de sus posibilidades, donando botellas de agua a los hospitales, alimentos a las residencias de ancianos, fabricando mascarillas, prestándose como voluntarios para hacer la compra a las personas mayores o donando el dinero de sus cuotas de hermanos. Muchos edificios de la Iglesia también se han ofrecido para hacer frente a los efectos de esta pandemia. Todo ello, sin contar la ayuda no material, también importante, que muchos sacerdotes y religiosos están prestando en los hospitales, exponiendo sus vidas para consolar y acompañar a los enfermos y familiares, en esos momentos de dolor en los que se necesitan también sanar los sufrimientos del alma con el bálsamo de la Fe y la Esperanza, más que les pese a muchos. Todo ello, y mucho más, sin hacer ruido, en el silencio de muchas personas entregadas y solidarias.

Por eso, déjense de hacer demagogia, de hablar sin saber, de opinar sin contrastar informaciones, de hacer comentarios inadecuados. Ocúpense de hacer vosotros también el bien, al menos, igual que lo hace la Iglesia y, si pueden, supérenlo. Un abrazo a todos. Ánimo y adelante.

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