Romero Cien por Cien

 

El secreto mejor guardado de la política barreña, por fin, ya ha sido desvelado. Jorge Romero no se va. Se vuelve a presentar, aunque no como cabeza de lista. Lo anunciaba la pasada semana el alcaldable de Los Barrios 100×100, sin mucho entusiasmo, por cierto, y el dato se confirmaba pocos días después. Integrará la candidatura de esta formación para las próximas elecciones municipales de mayo. Por si alguien tenía dudas al respecto.

Así que ya los vecinos de esta ilustre villa podemos ir haciéndonos una idea de cómo sería el nuevo gobierno municipal si el partido que ahora, supuestamente, lidera Miguel Fermín Alconchel se proclamara vencedor en tales comicios: Más de lo mismo.

Puede que para algunos la noticia haya sido una sorpresa. Para los que seguimos con interés el devenir de los asuntos públicos en este municipio, desde luego que no. Y para los que ya tenemos calado al personaje en cuestión, desde hace mucho, todavía con más motivo.
El tipo, es obvio, quiere seguir viviendo del cuento. O eso parece. Tal vez, por aquello de que le puede resultar mucho más cómodo y rentable ser concejal bien remunerado, y tener incluso la posibilidad de acceder a algún cargo político aún más altamente recompensado, que dedicarse a ese oficio del que tan orgulloso se sentía, y por el que sacaba pecho, ya saben, el de jornalero.

Con la astucia ladina de la que ha hecho gala a lo largo de su carrera política, Romero vuelve, una vez más, a burlarse de la ciudadanía. “Me voy pero no me voy”, es lo que ha venido a decir ofreciéndonos una muestra más de su cinismo. “Y no os preocupéis, que soy yo el que va a seguir manejando aquí el cotarro”, le ha transmitido también a sus incondicionales, que, aunque parezca mentira, tenerlos los tiene, para desgracia de este pueblo.

El individuo que, desde la restauración de la democracia, más daño ha infligido al municipio de Los Barrios, durante el tiempo que ha estado al frente de la alcaldía, se queda, no se marcha, probablemente porque carece de un lugar mejor al que irse, cuando lo que debiera, en opinión de quien esto escribe, es largarse –en realidad, tendría que haberlo hecho ya hace mucho– y pedir perdón por los graves e irreparables perjuicios que, como consecuencia de su ineptitud, su soberbia y, sobre todo, su sed de venganza, ha ocasionado.

Un reguero de muertos y heridos, dicho sea en sentido figurado, es lo que ha dejado tras su paso por la alcaldía. Y, además de esto, un balance de gestión tremendamente penoso que se resume en: un incremento exagerado y gratuito de la deuda del Consistorio, una pérdida escandalosa de patrimonio y un gran deterioro de los servicios básicos, a pesar de las subidas históricas que durante su mandato ha aplicado a la mayoría de los impuestos y tasas que pagamos los ciudadanos.

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