DESDE MI ALDEA

Te quiero

 

Quizás piensen que una columna de opinión no sea el lugar adecuado para incluir un texto emborrachado de apego y ternura, pero entiendo que no solo es adecuado, sino necesario. A diario los informativos, los periódicos y las redes nos inundan de negatividad, de beligerancias y de las fechorías de una parte de la sociedad putrefacta y corrompida. Es como echar sal al café con el que acompañamos la tostada o el croissant para saludar al nuevo día. Sinceramente, ¡ya está bien! Basta de amargarnos el día, no lo merecemos. Si hoy relleno estas líneas con una declaración de amor es por la simple razón de que así me lo dicta el alma y por entenderos merecedores de bonanzas y no de nubarrones amenazantes. Sinceramente… os quiero.

Un “te quiero” nunca debe imprimirnos vergüenza ni rubor alguno, al contrario; no existe frase capaz de transmitir más carga sentimental que estas dos palabras ni expresión que deje fluir tal cantidad de secreciones por los poros abiertos de una piel compartida. Pero no solo debe quedar en el ámbito de lo familiar o de la pareja. Los “te quiero” deben llover donde hoy se extiende el desierto de la codicia, la prepotencia y el rencor. Ojalá llegara el día donde el poder se vistiera de humanidad, donde el sastre del lado oscuro derramara el frasco de la serpentina o donde las distancias sociales las recortara la flecha de un cupido acertado de puntería.

Hoy vengo dispuesto a decirte…te quiero. Te quiero porque es así y así lo siento. Te quiero a ti por ser parte de mi pasado, de mis amigos de mi familia. Te quiero a ti por compartir genes, sentimientos o ilusiones. Te quiero a ti porque estoy seguro de que tú me quieres. Te quiero a ti por que decir lo contrario daría la razón a la fragilidad del camino opuesto. Te quiero a ti, y punto, no hay que darle más vueltas ni hay que pronunciar palabras; saludarte, dar los buenos días, intentar ayudarte, compartir tus momentos difíciles o sentirnos cerca a pesar de la distancia es suficiente para activar la conexión que nos une.

Hoy vengo dispuesto a sentirme cerca de ti, a abonar el campo de la esperanza ajeno de malas hiervas, a combatir las hordas de la ignorancia protectora del caudillo, a rescatar la inocencia de sentirnos más humanos y menos androides, a huir de la llamada a filas de los repeinados con la gomina viscosa del poder corrupto; hoy simplemente vengo a decir… te quiero.

Imagina que nos estamos mirando a los ojos, que hemos unido nuestras manos, que hemos coloreado de rojo nuestras mejillas, que ha saltado en mil pedazos el termostato de la soledad. Imagina que estamos a punto de decirnos “te quiero”, imagínalo y luego piensa si hay en la vida algo más fascinante y bello que pronunciar estas dos palabras.

Como decía, quizás este espacio no debía ser ocupado por la melaza y las hormonas, pero ¿acaso querer o sentirte querido no merece, de vez en cuando, unas líneas en tu día?.

Os quiero.

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