Tenemos que proteger nuestra salud mental

 

Con la que está cayendo, es normal y lógico entrar en bajones, tener estados psíquicos inestables, pérdidas del sueño, e, incluso, dolores que pueden ser más bien producto de la mente que de un estado físico. En definitiva, es necesario que en toda esta tragedia tenemos que proteger también nuestra salud mental porque después de dos meses y una semana de confinamiento, esto también afecta.

Y, sobre todo, porque el Coronavirus va a permanecer con nosotros durante tiempo y tenemos que acostumbrarnos a coexistir con él. No lo digo yo, esto no es más que el resultado de todo lo que leo y escucho, aunque a veces, esto también te embota los sentidos.

Hoy es 17 de mayo. 87 muertos, es una cifra menor que días anteriores, pero no deja de ser terrible. 87 personas con nombre y apellidos, ciento dos familias destrozadas. Y total ya de 27.650 fallecidos. Cerca de cincuenta mil sanitarios contagiados y cincuenta fallecidos. Todos estos son los datos que debemos tener en cuenta para no hacer estupideces y cumplir con las normas que se nos dicen.

Es lo que hay, pero tenemos que hacerlo desde la serenidad. Que sí, que ya lo sé, que cuesta mucho porque después de tanto tiempo bajo las medidas del Estado de Alarma, esa serenidad se pierde y se entra en los bajones de los que hablaba antes. Sobre todo, porque, según qué científico, hay que hacer una cosa o la contraria. A veces la cantidad de información, en muchos casos, contradictoria, nos lleva a no saber qué hacer y a entrar en esa inestabilidad psíquica que es lo que tenemos que evitar por todos los medios. Tenemos que aprender a vivir con el Coronavirus. Nos pueden venir repuntes en verano o en otoño por lo que tenemos que cambiar por completo nuestro concepto de lo que llaman la “nueva normalidad”. Lo nuestro será que viviremos en la “Anormalidad” y tenemos que coexistir con el Coronavirus, pero desde la serenidad, sobre todo, mental.

Y acostumbrarnos a la distancia social de dos metros, a los lavados frecuentes de manos porque el bicho no distingue de raza, de religión, ni de edad. Se puede transmitir a todas las personas.

Para poder hacer esto y coexistir con el virus, nuestra salud mental tiene que estar acorde y ser fundamental para poder cumplir con nuestras responsabilidades. Se lo debemos a las veintisiete mil seiscientas cincuenta personas que han perdido la vida en esta tremenda tragedia que estamos viviendo.

 

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