En rojo y negro

Actitudes jesuíticas ante la Huelga docente

 

El término jesuítico hace referencia, relativo, concerniente, alusivo o perteneciente a la orden religiosa de la Compañía de Jesús en la Iglesia Católica. Sin embargo otrora este calificativo contenía una carga semántica nada positiva: Se dice especialmente de la conducta o comportamiento disimulado e hipócrita. En la actualidad, en consonancia con la evolución progresiva hacia una sociedad laica (lo común), se encuentra en desuso.  No obstante viene a cuento en este texto dedicado al análisis de actitudes que se manifiestan frente a la huelga por parte de determinadas tipologías de personas dedicadas a la docencia. No en vano la orden religiosa tiene una relación directa con la Educación

La dilatada historia de la orden de la Compañía de Jesús viene a poner de manifiesto que donde hay mucho suele haber de todo. Miles de sacerdotes como hermanos jesuitas han desempeñado las más altas tareas emancipadoras, amenazando a los poderosos que no han dudado en llegar al asesinato, por poner solo un ejemplo, el del ideólogo de la Teoría de la Liberación Ignacio Ellacuría y otros jesuitas españoles en 1989 en El Salvador.  También miles se han comportado de forma despreciable apoyando al poder, seglar o religioso, desarrollando un comportamiento que muy pronto el pueblo identificó como malévolo y de ahí el uso del calificativo “jesuítico”.

Que en los centros educativos, pocas, muy pocas personas se sienten satisfechas con el trato que reciben de los jerarcas de las administraciones públicas, es un hecho. Estar un breve tiempo en la sala de profesores de un centro y se oirán todo tipo de quejas, lamentos, invocaciones o reproches a la “administración” y los sindicatos ausentes… Y es cierto que desde hace muchos años las condiciones laborales y sociales del profesorado se han ido deteriorando a marchas forzadas. ¿Prestigio?  ¿Reconocimiento?  ¿Horarios?  ¿Salarios?  El porcentaje de personas interinas ha ido creciendo y a estas se les ha tratado de manera mucho más lesiva, más indigna.

Y llegan a los oídos de algún sindicato, más despierto o menos agradecido que otros,  tanto lamento que a las personas, docentes afiliadas a él, se les mueve las entrañas y surgen las ganas de dar una respuesta a tanto maltrato y ultraje. Y como fuerza, para doblegar a la gigantesca administración, ningún sindicato por grande que sea tiene, se hace un llamamiento a que toda la docencia se una para quebrar la malsana voluntad de los politicos y que las normas cambien para superar tanto abandono y ninguneo, en bien de la defensa de la Escuela Pública, la de verdad. 

Y organizan envío de cartas o recogidas de firmas. Se convocan concentraciones y manifestaciones a cientos, sin que muchas de estas “acciones” sean tan multitudinaria que merezca ser atendida por los politicos de turno, aunque cuando lo son, tampoco las atienden. Los otros sindicatos se reúnen en las mesas sectoriales que nada remedian al sector -¡Oiga! que llevan 40 años negociando y la cosa va para peor. Y al final después de anunciar reiteradamente se llega a la convocatoria de Huelga. Y en ese momento es cuando se explicitan las actitudes “jesuíticas” ocultas.

Se comienza criticando la convocatoria de Huelga por el “daño al alumnado”. Una noble razón no para no ir a la huelga, que lo que se persigue es que estén mejor atendidos, más profesorado, más medios, mayor seguridad y salud. Una magnífica razón para sacrificarse profesional preparando mucho mejor las clases, desviviéndose por recuperar a aquel alumnado más “lento”, con mayores déficits… Quienes critican la huelga son de quienes van incluso por las tardes a dar clases de recuperación, preparan materiales personalizado… Visitan hasta las casas del alumnado absentista… Y esas personas tan coherentes deben contar con el mayor de los reconocimientos. Pero si ese desvivirse “por su alumnado” no es constatable, entonces la única razón se encuentra en el bolsillo que es el que manda. Otros objetarán que si se convoca el viernes, que quedaran mal ante los padres, que se perderá prestigio, que se reforzará la imagen negativa de la docencia… ¡Sí! Todo por tal de mantener la paga, que no le descuenten dineros porque no secunda la huelga. Pero ¡claro!, no es políticamente correcto decirlo y por eso estas personas adoptan esa conducta o comportamiento disimulado e hipócrita.

Cuando se viven malas situaciones, se propone hacer algo para remediarlo y no se participa, lo suyo es que a partir de ese momento estas personas “jesuíticas” se muerda la lengua y no muestre malestar alguno, porque no haciendo nada simplemente legitiman el mal que se supone le afectan negativamente. Porque otra manera de verlo es que igual viven muy bien y ¿para qué protestar?

 

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