Burros – Cebra

 

Burros pintados como cebras, junto a un chiringuito de la playa gaditana de El Palmar ( Vejer de la Frontera – Costa ) – Foto: Ángel Tomás Herrera.

Lo que os voy a contar podría pasar por una anécdota, un escenario de película cutre o una broma de mal gusto quizás, incluso por una de esas serpientes de verano, que nunca sabremos si realmente sucedieron, de no ser porque un servidor ha sido testigo de lo acontecido:

Me encontraba yo en la hermosa playa gaditana de El Palmar, en la costa de Vejer de la Frontera; una franja costera que aún conserva – no sabemos hasta cuando – un cordón litoral dunar salvaje, donde la hierba aún llega hasta la arena de la playa que abraza un mar espumoso. Una planicie costera casi virgen, que se extiende desde el río Conilete hasta el río Salado, famoso por la Batalla del Salado, donde el rey Alfonso XI de Castilla y el rey Alfonso IV de Portugal derrotaron en 1340 de forma decisiva las tropas benimerines, capitaneadas por el rey Abu-l-Hassán y el soberno nazarí Yusuf I.

Volvía ya de pasar el día de playa, con el sol a las espaldas, entre dunas pintadas de azucenas de mar, cuando, tras dejar a un lado la mayestática Torre de Castilnovo – una de aquellas torres vigías o albarranas que sirvieron allá por 1530 para avistar la temida presencia de los piratas berberíscos en la playa que besa – conecté con el camino de sirga, que muere en el cercano arroyo Conilete, estrangulado por la canícula. Fue allí cuando pude ver lo que parecían dos cebras entre juncos, frente al chiringuito dominguero que marca el límite fronterizo entre el “progreso civilizador y devorador” y el espacio feraz, cincelado por la naturaleza y la historia, cuyo dueño es la luz que lo baña y el viento que lo peina.

Ya cerca de los cuadrúpedos, pude ver que no eran cebras, sino burros. Burros que habían sido pintados como cebras, para un evento o divertimento de unos cuantos necios, con la intención de darle a la fiesta chill out un toque exótico africano. Junto a los asnos, habían pinchado los mentecatos en los márgenes ribereños aves de plástico, como si aquello fuese un delta del Okavango, festoneado de botellas de plástico, papel higiénico y otras inmundicias. Y en medio de aquel herbazal, los dos pobres burros pintados a rayas a pleno sol, ajenos a la fechoría deleznable de la que formaban parte.

Aquellos lares, antes de conocer la estupidez humana, que dicho sea de paso, es lo más repartido y abundante, sólo habían conocido las rayadas extremidades y torsos de los míticos cebros o encebras, reflejadas en las lagunas temporales. Eran aquellas raras cebras ibéricas de las que nos habló Fray Martín Sarmiento, que ya desde los tiempos paleolíticos hasta el siglo XVI – donde se extinguieron por el exceso de caza – fueron testigos del trascurrir de estas benditas tierras. Allí en aquellos marjales, donde se ridiculizaba hoy a Platero, las salicornias tapaban los serpenteantes senderos que durante años habían hollado miles de asnos, cargados de corcho, trigo, sal o atunes. Entre los restos de ánforas romanas, platos andalusís y los desvencijados trozos de madera de aquellos poderosos navíos de la batalla de Trafalgar, diseminados por el mar y el olvido, persistía la ignorancia y refulgía la insana insensibilidad de los animales bípedos.

Y ante aquel esperpento, hice como hubiese hecho un Juan Ramón Jiménez moderno, tiré de teléfono móvil para grabar e inmortalizar la escena de la que era testigo, tras lo cual ha venido toda una odisea de acontecimientos. El vídeo de la “burrada” se ha hecho viral, y ha recorrido los medios de comunicación de todo el mundo: Independent, Daily Mail, NP News, New York Times, BBC, Newsweek, 20 minutes, Ouest-France, NDTV … Numerosas televisiones se han hecho eco de la machada, tanto internacionales como nacionales, caso de Telecinco, la Sexta o Canal Sur; así como la prensa local y nacional, que han abordado este suceso a partir de la publicación que hice del mismo en mi muro de Facebook. Así diversos periódicos como la Voz Digital, Diario de Cádiz, Diario Democracia, El Mundo, La Vanguardia, Andalucía Información – Viva, la Voz de Cádiz o Social People Magazine se hicieron también eco de esta fechoría, que hería la dignidad del inteligente y trabajador borrico.

Al mismo tiempo que en YouTube el vídeo de los “donkeys painted like zebras” obtenía miles de visualizaciones, la plataforma ecologista Madre Tierra y Ecologistas en Acción denunciaban el hecho a las autoridades competentes, para que tomaran cartas en el asunto.

Y como los burros pintados no habían rebuznado hasta el momento, tuvo que hablar el político de turno para defender al dueño de los jumentos, afirmando que no había maltrato animal alguno, porque la pintura utilizada era la que se usaba para maquillar a los niños; como si esta explicación pueril bastare. Parece ser que el artículo 4 – 1º l) de la Ley 11/2003, de 24 de noviembre, de Protección de los Animales de Andalucía no existe para la consejería competente en la apertura del posible expediente sancionador, que además se cubre de gloria con unas declaraciones públicas que rayan la presunta prevaricación y el compadreo más pueblerino.

Tras la grabación de esta vejación animal, que para unos les sonará a sorna o chirigota y para otros nos resulta despreciable, creo que podemos sacar tres grandes conclusiones: Primera, estamos de enhorabuena, ya que la sensibilización hacia los animales está creciendo por encima de la crueldad y la manipulación; segunda, el poder de los medios de comunicación e Internet ha demostrado ser omnímodo; y tercera, la estupidez humana es ilimitada, tanto que la idiocracia gana cada día más adeptos.

“Qué tiempos serán los que vivimos, que hay que defender lo obvio”. Bertolt Brecht

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