El ataque químico a Duma se revela como un montaje, otro más, contra Siria

 

El informe oficial de la OPAQ (Organización para la Prohibición de las Armas Químicas) no dejó lugar a dudas: el ataque a Duma, que provocó el enésimo bombardeo internacional contra Siria, no fue un ataque químico. En efecto, tras meses de jugar a ratón y al gato para no frustrar los planes de Occidente en su guerra imperialista, emitió un informe categórico: no hubo armas químicas en el ataque de abril de 2018 en Duma. Los 40 muertos denunciados por los Cascos Blancos, fueron una pura invención de esta auténtica «factoría de ficción» creada en Turquía por la inteligencia británica para escalar el conflicto a niveles mucho más destructivos que en los que se había desenvuelto.

Sin embargo, también es cierto que el documento de la OPAQ dejó un resquicio al que los agresores y la prensa se podían seguir agarrando para no hacer un desmentido total: en el escenario del ataque se encontraron dos cilindros que contuvieron gas cloro. Evidentemente, el cloro reactivo no tiene nada que ver con el gas sarín y no se encuentra catalogado como arma química. Sin embargo sí que es una sustancia nociva, usada ampliamente en esta guerra, pero de manos de los terroristas y mercenarios pagados por la OTAN y sus aliados regionales. Aunque morir de un ataque con cloro es sumamente difícil —como mucho provoca irritación ocular o vómitos en caso de ingestión o un contacto muy directo en ambiente cerrado— a la falsimedia le vino bastante bien para no tener que rectificar o pedir disculpas por haber servido de altavoz de un burdo montaje.

Pero no queda ahí la cosa. En días pasados se filtró la noticia de que el informe original de la OPAQ contenía unas curiosas revelaciones que fueron deliberadamente omitidas: la situación de los cilindros no era compatible con su lanzamiento desde el aire. En román paladino, habían sido cuidadosamente colocados desde el suelo por los yihadistas y los Cascos Blancos para acusar al gobierno sirio de un ataque que provocaría una respuesta bélica como la que luego hubo. El 14 de abril de 2018, EEUU, Reino Unido y Francia bombardearon —ilegalmente— suelo sirio con misiles crucero.

Literalmente el informe omitido concluía:

«Las dimensiones, características y apariencia de los cilindros, y la escena circundante de los incidentes, eran incompatibles con lo que se habría esperado en el caso de que cualquiera de los cilindros fuera entregado desde un avión (…) la colocación manual de los cilindros en los lugares que los investigadores los encontraron es la única explicación plausible para las observaciones en la escena».

Pues bien, ya está todo claro (para algunos siempre lo estuvo), ni armas químicas, ni disparadas por el Ejército Árabe Sirio. Esperar disculpas de países o rectificaciones de medios de comunicación, es algo que jamás sucederá y que no hemos visto ni una sola vez en toda la guerra contra Siria, a pesar de las múltiples ocasiones que ha habido para ello. Tampoco es esperable el resarcimiento o el pago por los daños causados a Damasco por culpa de los bombardeos. Mientras no haya tribunales internacionales independientes, eso jamás sucederá.

Solo nos queda, pues, que quienes trabajamos por la paz, la justicia y el derecho efectivo a la información, podamos airear la noticia hasta donde alcancemos para, al menos, que una parte de la opinión pública no se deje engañar por los grandes medios de comunicación ni por nuestros gobiernos cuando se trata de conflictos en los que, de una u otra manera, se encuentran involucrados. Hemos de saber que lo que lanzan sobre nuestras cabezas a través de los medios masivos no es información, es pura propaganda de guerra.

 

 

 

 

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