El gobierno de los desiderátums

 

J. A. Ortega | Periodista y Escritor

Humo, mucho humo. Eso es, al menos en parte, lo que nos está ofreciendo el Ejecutivo de Pedro Sánchez. O, si lo prefieren, solo expectativas. Y también –lamento coincidir en esto con la muy desleal oposición– mucha pose de cara a la galería, digamos que marketing.

Sin ánimo de restar mérito a cuenta iniciativa se haya podido poner efectivamente en marcha, además de ser publicada en el BOE, como la subida de las pensiones, que punto arriba, punto abajo, ya estaba medio pactada desde la era Rajoy, de todo ese decálogo de buenas medidas adoptadas desde junio de 2017 para acá, del que su parroquia de incondicionales tanto presume, muy pocas a día de hoy –hablo incluso por experiencia propia, aunque no sea muy ético utilizar tal circunstancia como argumento– tienen efectos prácticos, porque su implementación está supeditada a un proyecto de ingresos y gastos para 2019 que todavía no se ha aprobado y que ya veremos si se aprueba. Así que, más que ante un gobierno al uso, estamos ante lo que podría calificarse como “un desiderátum de gobierno”, o “el gobierno de los desiderátums”.

(Lo que sucede con la perseguida exhumación de los restos del caudillo, aun tratándose de un episodio que ha de incluirse en la categoría de lo anecdótico, resulta bastante representativo de lo que comento).

Ojalá el presupuesto diseñado para el presente ejercicio obtenga finalmente el respaldo del Congreso de los Diputados, porque creo que las políticas públicas que se pretenden impulsar con su ejecución podrían ser beneficiosas para este país, pero eso –que dicho presupuesto salga para adelante– está por ver. Y, como todos sabemos, la bondad en la intención es indispensable, mas no basta para garantizar una gestión eficiente.

En este contexto, ya hay, y eso es lo que más llama mi atención, quien califica a Sánchez como ¡el mejor presidente de la historia de la democracia! (¡Manda cojones!) Con el rollo de las redes sociales y las nuevas tecnologías estamos llegando a tal grado de estupidez que hasta los mensajes más inverosímiles o más descerebrados calan. Ya hemos visto lo que ha ocurrido con Vox. Y es que, entre las fake news y las posverdades, o, lo que es lo mismo, la construcción de discursos sobre la realidad a medida y conveniencia, aprovechando la ignorancia y desconcierto imperantes, pasa lo que pasa, que corremos el riesgo de convertirnos en títeres de titiriteros grotescos.

Sí, en efecto, entre esa parroquia suya de incondicionales hay quien coloca al actual presidente, que todavía no ha ganado unas elecciones, en un pedestal, cual supremo líder, mientras exige la cabeza de Susana Díaz, la expresidenta de la Junta de Andalucía, y actual secretaria general del PSOE andaluz, que ha ganado las dos convocatorias a las que se ha presentado. De manera que cabe preguntarse si, llegado el momento, también estarán dispuestos a pedir la de su muy venerado Pedro el día que este gane los comicios generales pero no consiga gobernar.

Dicho todo lo cual, expreso mi más sincero y firme deseo de que el PSOE se proclame vencedor en todas las futuras contiendas electorales del año en curso y los venideros. Así como mi esperanza de que Sánchez atine y tenga éxito al frente de la administración del estado durante dos o tres legislaturas completas –las que hagan falta–, para que, al término de su periplo presidencial, podamos coronarlo como el mejor primer ministro que haya tenido hasta la fecha el Reino de España. ¡Amén!

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