Las multinacionales del humanitarismo: Médicos Sin Fronteras

 

Tras la inicial disección del rol político de Amnistía Internacional en el mundo, ahora es el turno de Médicos Sin Fronteras. Y la verdad es que, a pesar de ser una organización mucho mas modesta que el buque insignia del humanitarismo global, no le anda muy a la zaga en cuanto a objetivos, apoyos y métodos.

Médicos Sin Fronteras (MSF), o Médecins Sans Frontières, en su lengua materna francesa, es una ONG humanitaria internacional que supuestamente ayuda a víctimas de desastres y conflictos armados, «sin discriminación de raza, sexo, religión, filosofía o política», labor por la cual recibió el Premio Nobel de la Paz en 1999. A pesar de que fue fundada en Francia en 1971, mantiene su sede central en Suiza, un lugar muy opaco a los manejos económicos con los que se financia.

Su fundador fue Bernard Kouchner, un ex-comunista francés de origen judío, también promotor de Médicos del Mundo en 1980, cuando abandonó la organización por desavenencias con su dirección. Ministro de Salud y Acción Humanitaria de Francia en 1993 con François Mitterrand, fue enviado especial de la ONU en Kosovo de 1999 a 2001 y, posteriormente, nombrado ministro de exteriores con el gobierno del derechista Fillon, en 2007, lo que provocó su expulsión del Partido Socialista, en el que militó años después de su exclusión del Partido Comunista. Puede comprobarse fácilmente que, algo común a todas estas ONGs internacionales del buenismo, es que siempre están muy cerca del poder con mayúsculas o forman parte de él, especialmente entre los demócratas norteamericanos o los socialdemócratas europeos.

Como no podría ser de otra manera, Kouchner se autocalifica como firme defensor del «derecho de injerencia» en nombre de los derechos humanos; de lo contrario, sus chiringuitos no habrían tenido razón de ser, como tampoco tendrían excusa los servicios que prestó a Estados Unidos y a Francia en el transcurso de su vida pública. Este angelito humanitario, defensor de las guerras imperiales que han asesinado a centenares de miles de personas inocentes, está implicado en turbios asuntos económicos con países africanos e incluso en cuestiones de tráfico de órganos en la antigua Yugoslavia.

Dejando a un lado las cuestiones personales, es hora de conocer más de la organización. Pero no hablaremos de escándalos sexuales y de prostitución, tampoco de la explotación laboral que sufren los trabajadores y trabajadoras de la asociación, ni de las acusaciones de tráfico de drogas en Afganistán… sólo trataremos cuestiones políticas y geoestratégicas.

MSF ha sido acusada en numerosas ocasiones de ser un instrumento de la Dirección General de Seguridad Exterior (DGSE), el espionaje francés. Las denuncias han llegado a oírse incluso en la sede de Naciones Unidas por boca del embajador sirio en la ONU, Bachar Jaafari. Pero también las hemos oído de los rebeldes antifascistas de Donetsk y otros lugares en conflicto, donde se les conoce como Mercenarios Sin Fronteras o como el Batallón Médico de la OTAN. Cierto es que Francia no es ajena a muchas de estas guerras o intervenciones occidentales y que tal inculpación podría parecer algo plausible a simple vista. Pero, ¿qué puede haber de cierto en todo ello más allá de lo puramente circunstancial?

Como siempre, lo mejor es seguir la pista del dinero. No es algo fácil. En las páginas económicas de la web de MSF, faltan los nombres de los financiadores junto al montante de cada ingreso, cosa que sería lo más deseable y transparente. Sin embargo, en sus webs sí que encontramos reconocimientos a Goldman Sachs, Wells Fargo, Citigroup, Google, Microsoft, Bloomberg e infinidad de entidades corporativo-financieras, algunas de ellas ligadas a la industria militar norteamericana. A pesar de ello, anuncian a bombo y platillo no aceptar fondos de empresas que obtienen ingresos del tabaco, alcohol, armas, productos farmacéuticos, minería, petróleo, gas u otras industrias extractivas. ¡Qué buen rollo!

Médicos Sin Fronteras lleva a gala recibir la inmensa mayoría de su dinero (más del 90%) de donaciones privadas y quiere hacernos creer que esa circunstancia garantiza su independencia. No obstante, pensar que alrededor de 1.300 millones de euros anuales proceden fundamentalmente de las cuotas de sus asociados, es política ficción. Como también lo es el suponer que las donaciones de, por ejemplo, Goldman Sachs no tienen contrapartidas que reducen la «independencia» de la ONG, a pesar de que ocupar varios puestos en su junta directiva. Probablemente en MSF sean de la opinión de que es mas importante aparentar lejanía con lo público que mostrar connivencias con las multinacionales, lo cual es toda una declaración de intenciones bien peligrosa. No en vano MSF en Estados Unidos fue creada por un Rockefeller.

Pero vayamos al meollo de la cuestión. Ya sabemos que fueron hooligans de Occidente en las guerras contra Yugoslavia, contra Libia, contra Irak, etc, etc. Pero ¿qué papel juega actualmente MSF en la guerra contra Siria? Podemos destacar dos de ellos: servir de correa de transmisión de las denuncias inventadas contra el gobierno legítimo de Damasco y prestar apoyo a los terroristas. Sé que puede sonar especialmente crudo, pero no cabe ninguna una duda sobre ello. Al igual que los oscarizados Cascos Blancos, los nobelizados Médicos Sin Fronteras jamás han operado en tierras no controladas por el Estado Islámico o al Qaeda, a pesar de que eso contradiga a sus igualitarios principios fundacionales. ¿Dónde tienen ahora sus hospitales de campaña en Siria? Es fácil adivinarlo, en la única bolsa terrorista que queda sin conquistar por el Ejército Árabe Sirio, en la provincia de Idleb, dominada por las franquicias de al Qaeda.

Pero eso no es todo, ni siquiera lo peor, el batallón humanitario de la OTAN también participa intensamente en los escuadrones mediáticos de la guerra, de hecho es su principal misión. Las guerras híbridas se juegan, tanto en el teatro de operaciones in situ, como en los platós de televisión. Y es ahí donde los médicos y espías de MSF se desenvuelven infinitamente mejor que en los quirófanos. Desde 2011 llevan lanzando sus infestados esputos propagandísticos contra el gobierno sirio de una manera tan enconada, que han incurrido en una serie de errores de bulto, tan graves, que serían el hazmerreír del mundo entero si no llega a ser porque los mass media los protegen como parte que son del establishment.

En alguna ocasión han reconocido que los hospitales que montaron en Siria tenían como principal misión ayudar a los terroristas heridos en la guerra de agresión contra Damasco. Así lo dijeron en una entrevista a la cadena NPR:

Originalmente, se ocupaban principalmente de lesiones de combatientes y civiles directamente afectados por el conflicto.

NPR: Doctor: ‘We Truly Are Failing The Syrian People’

Sus denuncias han servido para justificar los ataques de la coalición de enemigos de Siria, capitaneada por Estados Unidos, muchas veces con las únicas informaciones de la prensa cómplice de los países promotores de la «primavera árabe» damascena (CNN, al Jazeera, Al Arabiya…). Y lo peor es que han tenido que rectificar públicamente para evitar el escarnio derivado de implicarse tan claramente en operaciones de bandera falsa promovidas por EEUU, como ya sucedió en la Goutha.

Particularmente útiles han sido sus denuncias falsas acerca del supuesto uso de armas químicas para culpar al gobierno de Bashar el Assad de atravesar las lineas rojas autoimpuestas por el régimen de Barak Obama para intervenir más directamente en suelo sirio. ¡Qué casualidad! También fueron cómicamente famosas aquellas noticias de la destrucción del último hospital de Alepo, que fue demolido como veinte veces en dos o tres meses sin que se reconstruyese ni una sola vez. Cosa de Magos Sin Fronteras, claro.

En cuanto a las denuncias de espionaje para el gobierno francés, fueron reconocidas incluso por el inefable Bernard Kouchner, quien afirmó que, las ONGs francesas que él conocía trabajaban para el gobierno pasándole información, lo que provocó la inmediata protesta de Médicos Sin Fronteras y Médicos del Mundo por poner en peligro a sus voluntarios desplegados en el territorio.

En fin, triste pero predecible bagaje, el de una organización nacida justamente para poder realizar este tipo de operaciones encubiertas sin complicar demasiado la vida a la originaria Cruz Roja Internacional, que debe mantener cierta pátina de prestigio e imparcialidad para seguir funcionando como referente mundial en este tipo de cuestiones.

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