Nacieron para actores y se convirtieron en políticos

 

Vivimos tiempos extraños. Tiempos que, entre todos y con participación de todos, hemos construido. Todos somos responsables, por acción u omisión, de lo que está sucediendo y de cómo se ha puesto la vida en este mundo alocado que se nos ha ido de las manos. Y lo peor de todo es que no sabemos ni cómo ni cuándo vamos a poder salir de ello.

Es evidente que, en gran medida, todo esto se debe a los cambios tan profundos y tan rápidos que estamos viviendo. Pero, precisamente por ello, hoy más que nunca, necesitamos de una política seria y responsable. Echamos de menos a gobernantes que nos den seguridad y que sean personas con la categoría y las cualidades que hoy son más necesarias que nunca. Sólo así podremos salir de este barro en el que estamos metidos y dibujar un futuro mejor.

Pero, por desgracia no es así. Las ansias de gobierno, de posicionarse cómodamente, de enriquecerse y, sobre todo, el deseo de poder, son las “virtudes” que definen a muchos de nuestros políticos. Y esto, ni más ni menos, es lo que origina la corrupción. Es decir, tipejos sin escrúpulos, que colman sus aspiraciones, no precisamente aliviando el sufrimiento del pueblo, sino comprándose mansiones, cobrando y exigiendo sueldos desorbitados, mintiendo en sus discursos, insultando al que no se pliega a sus ideas o siendo incapaz de ponerse de acuerdo con su contrincante político en pos de buscar el bien del pueblo y poder gobernar este país que suena a chiste.

Políticos que no nacieron con vocación de servicio sino para comediantes, haciendo de la política la mejor obra de teatro del mundo. Nacieron para actores, pero se convirtieron en políticos y ahí los tenemos. Lo peor de todo esto, no es que nuestros políticos sean malos sino unos perfectos inútiles y maravillosos hipócritas que se disfrazan de populistas para seguir engañándonos.

Amigos y amigas. ¿Con este tipo de actores queremos arreglar nuestra sociedad? Mucho me temo que todo seguirá igual mientras no pongamos soluciones eficaces. Sigo pensando que es la hora de la calle, pacíficamente, pero de la calle. Mucho ánimo y adelante

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