Soberanía Nacional versus guerra tecnológica

 

La “Google Trump” en guerra contra Huawei puede sonar a “ficción” o una noticia de cuarta o quinta importancia, pero lo que se juega en este campo de batalla del S XXI es muchísimo y toca la esencia de la democracia, la llamada soberanía nacional o del pueblo. Si el ataque de Trump, presidente USA, contra Huawei y otras empresas no norteamericanas, triunfa el monopolio de los gigantes tecnológicos estadounidenses será absoluto en todo el mundo. Y controlando los canales de comunicación se controla hoy día todo, absolutamente todo.

Esta situación, de emergencia internacional, pone sobre la mesa la necesidad de un control público de ese sector a nivel mundial a través de un organismo público, por ejemplo dependiente de un foro mundial tipo ONU. La organización de naciones unidas se creó al final de primera guerra mundial para conjurar más conflictos bélicos, aunque no pudo evitar la segunda guerra mundial, si ha permitido al mundo vivir en un clima de no agresiones globales, aunque, eso sí, dejando que cinco potencias nucleares, con derecho a veto en el consejo de seguridad de este organismo, puedan contender a escalas regionales. Hoy se inicia una de las más importantes batallas en la guerra comercial, más dura de la historia, declarada unilateralmente por Donald Trump. Contienda que amenaza los principios esenciales de todos los países democráticos. Las tecnologías de la información y la comunicación permiten el acceso al conocimiento y a la información a todas las personas, estas no deben ser controladas por manos privadas.

Europa no puede estar al margen porque le afecta directamente, tanto en el ámbito empresarial como ciudadano. Millones de europeos tendrían que plegarse al monopolio de Google y de Android por lo que, no sólo Huawei tendrá que poner en funcionamiento su propio sistema operativo, sino que lo suyo sería que Europa tuviera operativo uno propio. De esta forma, en caso de tener que mantener el pulso “nacionalista radical” de Trump, pudiera Europa esgrimir la baza de impedir la comercialización de productos y sistemas estadounidenses. Las consecuencias económicas, ya se sabe “la pela es la pela” son las únicas que podrían disuadir a los consejos de administración de las multinacionales que únicamente se rigen por el principio del beneficio. De hecho el test bursátil ha sido suficiente para repensarse Trump su ultimátum.

Esta lucha de poder no tiene nada de inocua ya que la historia nos enseña que todas las grandes y catastróficas guerras se iniciaron por conflictos comerciales. Por ello las tecnologías que afecten a derechos ciudadanos no pueden estar en manos privadas.

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